Los electores de izquierdas, huérfanos de las elecciones presidenciales francesas
Texto: Michaël Dias
El 23 de abril, la primera vuelta de la elección presidencial francesa supuso un terremoto, aunque no una sorpresa, para los dos principales partidos del país. El Partido Socialista y Les Républicains han quedado fuera de juego y la segunda vuelta verá enfrentarse al liberal Emmanuel Macron a Marine Le Pen, candidata de la extrema derecha.
Ante esta situación, los simpatizantes de izquierda se encuentran divididos sobre la estrategia a adoptar: votar a Macron para impedir que Le Pen acceda al poder, votar en blanco o abstenerse, considerando que el liberalismo representado por el primero es la causa del fascismo encarnado por la segunda.
A diferencia de lo que ocurrió en 2002 con la presencia de Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta, el resultado no se ha traducido en una reacción inmediata contra la extrema derecha, sino más bien en el rechazo a elegir entre los dos candidatos. El llamamiento de hace 15 años al “frente republicano” ha sido en gran parte sustituido por lemas como “Ni patrie ni patron, ni Le Pen ni Macron” o “Sans moi le 7 mai” (Sin mí el 7 de mayo), especialmente entre los jóvenes.
Entre los electores mayores, en cambio, algunos no quieren tomar el riesgo de abstenerse y dar la victoria a Le Pen. Es el caso de Raoul, un funcionario de 40 años, que había vivido el 21 de abril de 2002 como un verdadero choque: “Ya no voto para mí, sino para las tres personas que conforman mi hogar. Ya no es cuestión de postura, sino de cosas concretas”. Su pareja no es francesa y no tiene el derecho de voto. Hablaron para decidir qué hacer, porque él vota por ambos. Al principio decidieron votar en blanco porque “Macron es un insulto a la inteligencia colectiva, votar por él significa aceptar que te confisquen tu voto”. Pero cambiaron su decisión porque “la Policía y el Ejército están completamente gangrenados por el fascismo y el nacionalismo”. De origen español, Raoul no olvida que su familia huyó el franquismo y que todos somos los hijos “de la historia trágica del siglo XX”. Por esta razón, probablemente votará por Macron este domingo, ya que considera que su voto no tiene que ser un acto individual, sino colectivo: “No es mi opinión personal la que debe expresarse, pero mi voto debe servir para algo, por lo tanto servirá para oponerse a Marine Le Pen”.
“Mientras se maltrate al pueblo, sobre todo económicamente, el populismo de extrema derecha tendrá resultados muy altos, y podría acabar ganando”
Michel, periodista, ha vivido este resultado con mucha decepción pero sin sorpresa. Su único alivio es que François Fillon “mordiera el polvo” y que Jean-Luc Mélenchon obtuviera casi un 20% de los sufragios, “lo que podría suponer el inicio de una necesaria refundación de la izquierda”. Tacha de imbécil la negativa de Benoît Hamon, el candidato socialista, a unirse al líder de La France Insoumise, conduciendo la izquierda a la derrota. Para él la historia se repite: “Mientras se maltrate al pueblo, sobre todo económicamente, el populismo de extrema derecha tendrá resultados muy altos, y podría acabar ganando”.
En caso de una segunda vuelta entre Fillon y Le Pen, seguramente no habría votado por el ex primer ministro de Nicolas Sarkozy, imputado por varios delitos, entre otros desvío de fondos públicos y abuso de bienes sociales. Aunque ha sido un apoyo incondicional de Mélenchon, votará por Macron sin ninguna duda, “un reflejo natural y sano. Es una elección contra Le Pen y de ninguna manera por Macron y su proyecto político. Se trata, una vez más, de salvar la democracia y las libertades. Es una cuestión de higiene elemental”.
Élise, maestra, tampoco se sorprendió: “Sufrimos una avalancha de programas políticos, de programas de análisis de los discursos, de análisis de los análisis, de encuestas sobre las encuestas, etc. Esa orgía nos ‘preparó’ para este resultado. Hoy votar por el Frente Nacional ya no es un tabú”. Le duele, pero ella también va a votar por Macron, aunque con amargura: “Pienso que su política no cambiará nada para la gente humilde que vota a Le Pen, y que seguirá votando a Le Pen porque se siente excluida. Pero yo no quiero experimentar la agresividad, la mentira, la violencia, el desprecio, el racismo, la homofobia, la mujer en casa, la prensa censurada… No quiero odio entre las personas.”
Laurent, un enfermero de 41 años, ha vivido muy mal este resultado porque creía en la posibilidad de Mélenchon de acceder a la segunda vuelta. La diferencia que ve entre 2002 y 2017 es que “esta vez todos nos lo esperábamos”. En 2002 eligió a Jacques Chirac contra Jean-Marie Le Pen, “con el resultado que conocemos”: un 82 % de votos, la promesa del vencedor de tener en cuenta una situación muy especial y, al final, una política de derecha como si nada. Un precedente que condiciona su decisión. Todavía no sabe si votará o no, y si lo hace su “única motivación será el antifascismo”.
Claire, profesora de enseñanza secundaria, lo ve de una manera bastante similar. Recuerda la elección de Chirac y su discurso “muy solemne y paternalista: ‘Sé que ha sido un voto contra el FN y no un voto de adhesión, lo tendré en cuenta. No os dejaremos al lado de la carretera, etc.’. Personalmente, no tengo la sensación que me recogieran mientras estaba haciendo autostop”.
Ella también ve la diferencia y la evolución en comparación con 2002: “Chirac fue elegido con muchísimos votos, lo que no pasará con Macron, si gana. Hay una especie de normalidad, de rutina, de banalización del voto FN. Da miedo que un 40% [según las útimas encuestas] de la población pueda votar a este partido por decepción, asco o desacuerdo. Yo, cuando no estoy de acuerdo, no voy a votar o no voto por lo que sea”.
Su primera reacción viendo los resultados de la primera vuelta fue “me abstengo, para mí los dos son detestables. No se trata de coraje, impulso, tontería o ingenuidad, sino de perseverar en mis convicciones y no conformarme con un mal menor”. Cambió de opinión viendo la estimación del porcentaje de abstención: “Para impedir la elección de Le Pen, hace falta que algunos vayan a votar, y no solamente los partidarios de Macron. Cuantos menos votos tenga el FN, más personas manifestarán su oposición a sus ideas. Soy una traumatizada del 21 de abril de 2002: daré mi voto para que los que no quieren votar puedan hacerlo”.
malu
No me ha gustado el artículo. Todos los ejemplos sin excepción son de votantes que acabarán apoyando a Macron por hache o por be. Me hubiera gustado ver un poco más de pluralidad, leer ejemplos de personas que han decidido votar a Le Pen exponiendo sus motivos para hacerlo, hubiera sido interesante… pero se ve que es superior a vosotros.
Por cierto que algunos ejemplos son contradictorios: una tal Claire asegura muy digna ella, que no se debe votar al FN por decepción con el resto de partidos, esgrimiendo que “Yo, cuando no estoy de acuerdo, no voy a votar o no voto por lo que sea” y a continuación dice tan pancha que va a votar “lo que sea” con tal de que el FN no llegue al poder. Bravo Claire.
Michaël Dias
Hola Malu.
Yo he escrito este artículo. Entiendo que te hubiera gustado tener testimonios de electores de Marine Le Pen pero mi enfoque era precisamente los electores de izquierda.
En cuanto a Claire, no dice que va a votar “lo que sea”. Lo que pasa es que en cada elección, hay personas que votan por el FN no por convicción sino por decepción, para sancionar los partidos tradicionales. Están en su derecho pero después, cuando el FN gana elecciones (alcaldes, consejales, diputados…) o llega a la segunda vuelta, las mismas personas se quejan diciendo “¡Pero yo pensaba que no iban a ganar!” Lo que quiere decir Claire, es que si esas personas no votaran así, el FN no tendría los resultados que tiene hoy. Ella, como muchos, ve lo que hace el FN en las localidades que dirige, y es una catástrofe. Hoy, como en el 2002 o en otras elecciones locales, legislativas, regionales, etc., solo se trata de hacer la diferencia entre un partido demócrata (aunque no nos guste) y un partido fascista.
Chufo
Vaya clichés más cansinos. La apuesta mayoritaria de los electores de “izquierda” ni se contempla en el artículo. Los votantes del FN son los que en los años 70 votaban al Partido Comunista. Es en los barrios obreros y entre la clase obrera francesa donde Le Pen tiene mayoría absoluta. Hay un estudio muy serio de Verstringe sobre eso. Y lo de “fascista”, pues otro absurdo. exactamente lo mismo que el vecino de mis padres asustadísimo con los “comunistas” de Podemos y con la “alcaldesa comunista Carmena”. Pues lo siento, pero para lo bueno y para lo malo, ni Le Pen es Mussolini ni Pablo Iglesias es Stalin.
Michaël Dias
No se trata de decir que Le Pen es Mussolini sino que el FN tiene una historia, y hay muchas personas poco recomendables en este partido.
- Jean-Marie Le Pen, cofundador y Presidente de Honor del FN: creó la Serp, una editorial fonográfica que publicó, entre otros, discursos de Pétain, Mussolini o Hitler. Fue condenado por insultos, amenazas, violencias, apología de crimen de guerra, negación de crimen contra la humanidad, antisemitismo, incitación al odio y a la discriminación racial…
- Léon Gaultier: uno de los fundadores del FN en 1972, se había enrolado en la Waffen-SS.
- Frédéric Chatillon: consejero de MLP. Fue presidente del GUD, un sindicato de extrema derecha violento y es conocido por sus obsesiones antisemitas.
- Axel Loustau: consejero regional, él también ha sido militante del GUD. Con su amigo Chatillon homenajearon a Léon Degrelle, ex Waffen-SS. En 2011, hizo el saludo nazi durante su cumpleaños. En sus múltiples cuentas de Facebook, hace chistes sobre la Shoah, publica una foto de un plato de arroz en forma de esvástica, hace referencias a Hitler… También amenazó de muerte a una periodista de Mediapart.
- David Rachline: alcalde de Fréjus, confía la organización de los eventos de su ciudad a Yann y Minh Tran Long, ex miembros de la FANE, un grupo neonazi disuelto en 1987. Está imputado con Steeve Briois por amenazar de muerte a Stéphane Gatignon, alcalde de Sevran.
- Steeve Briois: también imputado por provocación al odio racial.
- Jean-François Jalkh: ha sido presidente del FN unos días entre las dos vueltas de la elección. Hace varios años, negó el uso de zyklon B en los campos de exterminio.
- Benoît Loeuillet : dirigente del FN de Niza. En su librería, vende libros de Hitler o del negacionista Robert Faurisson.
Esta es la verdadera cara de este partido.
Chufo
El padre era un tarugo, pero es que ni está ya en ese partido. Por lo demás, la mayoría de esa lista son delitos de opinión, y lo siento pero estoy en contra de leyes mordaza y quemas de libros.
Interesantísimo artículo de Meyssan: http://www.voltairenet.org/article196307.html
Extracto:
El fascismo en marcha
Para impulsar al candidato Macron, la firma Steele & Holt –léase la OTAN y los Rothschild– se apoyaron en las antiguas redes pro-estadounidenses de la Fondation Saint-Simon. Juntas orquestaron todo el show sobre «la amenaza Le Pen», logrando así que muchos electores resueltamente contrarios a Macron acabaron votando por él por temor a un resurgimiento del «nazismo» en Francia. Al no tener gran cosa que reprocharle a Marine Le Pen, le atribuyeron los crímenes de su padre y unas cuantas cosas más.
Esta manipulación demuestra que, en la «sociedad del espectáculo», la forma es más importante que el fondo. Reflexionemos juntos. ¿Cuáles son las características del fascismo? Decreta el fin de la lucha de clases recurriendo al corporativismo que reúne a patronos y obreros en el seno de las mismas organizaciones, decreta el fin de la dialéctica derecha-izquierda gracias a la creación de un partido único y, por consiguiente, decreta el fin de toda forma de oposición, garantizado por el uso de la fuerza.
Si bien la primera de esas características hubiese podido aplicarse a la visión de las cosas que tenía Jean-Marie Le Pen, no es menos cierto que ya no es aplicable a la visión de la sociedad que plantea su hija Marine.
En cambio, la dos primeras características del fascismo anteriormente citadas –fin de la lucha de clases mediante el corporativismo y fin de la dialéctica derecha-izquierda mediante la creación de una formación política– corresponden a la perfección con lo que plantea Macron, respaldado en la elección presidencial por todos los jefes de las grandes empresas de la bolsa de París… así como por la dirección de la CGT, el sindicato más representativo de la clase obrera francesa. El propio Macron no cuestiona la capacidad de los partidos de derecha y de izquierda para defender los valores que consideran suyos… pero llama a los líderes de esos partidos a que se unan al partido que él creó en aras de la defensa de «intereses comunes». De hecho, si la próxima cita electoral prevista en Francia –las elecciones legislativas– se desarrollan conforme a los deseos de Macron, eso será el inicio de la destrucción de la oposición. En todo caso, el unanimismo de la prensa escrita de ambas tendencias a favor del candidato Macron y la campaña desatada contra los sitios web que contradicen ese coro de uniformidad mediática sirven para darnos una idea clara de lo que ya está en preparación.
La Historia se repite. En 1940, los franceses apoyaron al mariscal Philippe Petain creyendo protegerse con ello del nazismo… y fue Petain quien instauró el fascismo. En 2017, acaban de votar por Macron por temor a la «extrema derecha»… y será Macron quien acabe instaurando el fascismo.